Perros VS Ciudad: ¿Son realmente compatibles?

Cuando estaba estudiando el posgrado de etología clínica, un día uno de nuestros profesores dijo algo que nunca me había planteado:

Los etólogos tratamos problemas de conducta, sí, pero ¿no son a veces un reflejo de ese límite que nos están poniendo? El tráfico, las multitudes, el poco espacio, pocas zonas verdes, la prisa, la polución, los ruidos…

Que un perro no se encuentre bien viviendo en una gran ciudad, ¿no es algo normal?

No hay espacio para la libertad de una correa de 7 metros, de olfateo, naturaleza, silencio, calma…

La vida urbana puede ser una vida adecuada para nuestros perros, aunque no sabría decir si la mejor. Que muchísimos perros con problemas de conducta, en el momento en el que van al campo cambian y son mucho más felices significa que el entorno importa, y mucho, a veces es ese entorno lo que no funciona.

Os pongo un ejemplo que os va a sonar: Personas que trabajan muchísimo, solo un día a la semana de descanso, no tienen tiempo de ocio u descanso más que por la noche, siempre con prisas, la compra solo la puedes hacer en el día de descanso, al igual que la colada, y las comidas… Este panorama tan común, ¿no es normal que esa persona esté ansiosa y triste? Pero no es su culpa, es el contexto y el entorno, por lo que ¿realmente tiene un problema de salud mental? Sí, pero porque lo social falla y ahí el control no es nuestro, por lo que es difícil determinar si esa persona per se tiene un problema como tal, porque probablemente con más tiempo libre, un salario normalejo ya sería suficiente para que se sintiese mejor.

Se puede mejorar la vida en la ciudad, muchísimo, pero intentando alejarnos todo lo posible de ella, yendo a parques, zonas tranquilas, cogiendo el coche para ir a la playa, siempre en esa búsqueda de la naturaleza.

Un perro no es feliz esperando en el metro, nunca lo va a ser.

Al igual que tampoco lo es yendo al centro de la ciudad donde la correa va tirante porque hay mucha gente que puede tropezarse con él y, por supuesto, las manifestaciones ya ni os cuento que no son lugares para perros.

¿Habíais hecho alguna vez esta reflexión?

Desde que mi profesor la soltó hace dos años no he podido dejar de pensar en ello y creo que es ese frenesí de vida que llevamos todos lo que no nos deja ver más allá.

Un abrazo.

Irene R.